Todo comenzó con una pregunta
¿Por qué enfermamos?

No era suficiente con conocer el nombre de un diagnóstico.

Necesitaba comprender qué estaba ocurriendo realmente dentro del organismo.

Fue esa inquietud la que despertó mi pasión por la nutrición y me llevó a descubrir que alimentarnos significa mucho más que ingerir alimentos.

Es ofrecerle a nuestro organismo la energía, los nutrientes y la información que necesita para adaptarse, regularse y desarrollar sus funciones en equilibrio.

La experiencia que cambió mi forma de entender la salud

Durante mi adolescencia fui diagnosticada con lo que entonces conocíamos como síndrome de ovario poliquístico —SOP—.

La respuesta que recibí fue que tendría que tomar anticonceptivos hormonales durante muchos años para mantener una aparente regulación hormonal.

Acepté aquel tratamiento porque pensé que era la única respuesta posible. Sin embargo, durante mucho tiempo seguí sin comprender qué estaba ocurriendo realmente en mi organismo.

Poco a poco, mi cuerpo comenzó a expresarse.

  • Migrañas
  • Resistencia a la insulina
  • Inflamación
  • Cansancio

Y una sensación persistente de que algo seguía sin encajar.

Entonces apareció una pregunta que transformó mi camino:

¿Era esta la única forma de comprender lo que estaba sucediendo en mi cuerpo?

Con los años, la ciencia también evolucionó.

La condición que durante décadas fue conocida como síndrome de ovario poliquístico ha sido renombrada síndrome ovárico metabólico poliendocrino —PMOS, por sus siglas en inglés—.

No es simplemente un cambio de nombre.

Es un cambio en la manera de comprenderla.

La nueva denominación reconoce que no se trata exclusivamente de los ovarios, la fertilidad o la apariencia física. Es una condición compleja que puede involucrar diferentes ejes hormonales, el metabolismo, la sensibilidad a la insulina y la salud cardiovascular, además de influir en el bienestar físico y emocional.

Este cambio ayuda a dejar atrás una mirada reducida y estigmatizante para avanzar hacia una atención más integral, preventiva y multidisciplinaria.

Por primera vez sentí que la ciencia comenzaba a describir aquello que yo llevaba años intentando comprender:

el cuerpo nunca había funcionado como una suma de órganos independientes. Siempre había funcionado como un todo.

Entendí que el tratamiento médico podía formar parte del abordaje, pero que también era necesario atender las bases que influyen diariamente en nuestra fisiología:

La alimentación.

El movimiento.

El descanso.

La salud metabólica.

La gestión del estrés.

Las emociones.

Y los hábitos que repetimos cada día.

Comencé a aplicar de manera progresiva lo que aprendía: reduje el consumo de productos ultraprocesados e inflamatorios, mejoré mi alimentación, incorporé movimiento y empecé a cuidar otros aspectos de mi estilo de vida.

Con el tiempo, mi organismo fue respondiendo.

Mi ciclo comenzó a regularse, mejoraron mi estado de ánimo, la inflamación y mi salud metabólica, y recuperé algo que durante mucho tiempo había perdido:

la confianza en mi propio cuerpo.

Fue entonces cuando dejé de buscar únicamente una respuesta para un diagnóstico y comencé a estudiar la fisiología humana desde una mirada verdaderamente integrativa.

Esa decisión cambió para siempre mi forma de comprender la salud.

El cuerpo nunca fue mi enemigo
Solo estaba intentando protegerme
Descubriendo otra forma de entender la salud

Comprendí que la salud y la enfermedad rara vez dependen de una única causa.

Son el resultado de múltiples sistemas, experiencias y circunstancias que interactúan constantemente dentro de nosotros.

Esta forma de entender el organismo despertó en mí la necesidad de continuar formándome y me llevó a especializarme en Psiconeuroinmunología Clínica.

Entonces llegó otro gran desafío

Mi salud volvió a atravesar un momento de profunda vulnerabilidad.

Tuve que afrontar un tratamiento oncológico.

Aquella experiencia no sustituyó la atención médica ni hizo que el proceso fuera sencillo, pero reforzó todavía más algo que ya había comenzado a comprender: incluso durante los tratamientos más exigentes, cuidar la alimentación, el descanso, el movimiento posible, el entorno emocional y la manera de relacionarnos con nuestro cuerpo puede ayudarnos a transitar el proceso con mayor fortaleza.

No viví aquella etapa únicamente como paciente.

También la observé desde la profesional que estaba llegando a ser.

Comprendí la importancia de sostener al organismo, respetar sus tiempos y acompañarlo mientras recibe el tratamiento que necesita.

Y, sobre todo, comprendí lo vulnerable que puede sentirse una persona cuando su salud se ve comprometida.

Esa experiencia cambió para siempre mi manera de acompañar a quienes confían en mí.

Así nació mi forma de trabajar

No creo en consultas donde el profesional habla y el paciente se limita a escuchar.

Creo en construir una alianza.

Escuchar.

Comprender.

Educar.

Acompañar.

El conocimiento científico del profesional es imprescindible, pero también lo es la experiencia de la persona que habita ese cuerpo cada día.

Sus síntomas.

Su historia.

Sus vínculos.

Sus emociones.

Sus circunstancias.

Su manera de vivir.

Por eso, cada proceso se construye en equipo.

Mi responsabilidad es aportar estructura, criterio clínico, educación y acompañamiento. La persona aporta su historia, sus necesidades y el conocimiento íntimo de su propia vida.

Cuando ambas miradas se encuentran, es posible construir un proceso más humano, coherente y sostenible.

Porque detrás de cada síntoma existe una historia que merece ser comprendida.

Y detrás de cada persona existe una capacidad de transformación mucho mayor de la que imagina.

Lo que más me importa

No es que memorices una dieta.

No es que sigas un menú de manera perfecta.

No es que dependas siempre de un profesional para saber cómo cuidarte.

Mi mayor satisfacción es que vuelvas a confiar en tu cuerpo.

Que entiendas mejor sus señales.

Que participes activamente en las decisiones relacionadas con tu salud.

Y que adquieras conocimientos y herramientas que puedas integrar en tu vida con autonomía.

Porque la información aislada puede confundir.

Pero el conocimiento comprendido, contextualizado y llevado a la práctica puede transformar.

NutriInfinity no nació para hablar únicamente de nutrición.

Porque nutrir significa ofrecerle a nuestra fisiología, pero también a nuestra dimensión humana, aquello que necesita para encontrar equilibrio.

Que se haga infinito todo aquello que te hace sanar.